AQUEL FATÍDICO DOMINGO 10 DE FEBRERO DE 1980

 

Crónica del trágico accidente. Diario El Libertador, edición de lunes 11 de febrero de 1980.-

Todo era alegría en el micro 510 de la empresa Cóndor, contratada por la agencia de turismo ATI. 34 pasajeros a bordo, con la ilusión de conocer la tierra colorada, se habían embarcado el jueves a las 14 en Buenos Aires. El trayecto fue caracterizado por un clima jovial, y a decir de los protagonistas nada hacía suponer que algo malo fuera a ocurrir. Ansiosos esperaban conocer las Cataratas, las Ruinas de San Ignacio, entre otras bellezas naturales e históricas de nuestra provincia. Lo de siempre, lo característico de una excursión, predominó entonces en aquel rodado. Canciones improvisadas, chistes y carcajadas de pasajeros, que entre mates y bizcochitos socializaban, poniendo en común preferencias y experiencias en destinos turísticos realizados.

 

Ni bien ingresaron a nuestra provincia el clima comienzó a cambiar, desatándose una copiosa lluvia. La calma invade, entre bostezos y susurros. La ruta misionera, con su sinuosidad característica no parece impresionar al chofer del micro. Todo esta preestablecido en el cronograma. Parar en San Ignacio, almorzar, visitar las Ruinas y luego seguir viaje hacia Cataratas. A todo esto, ya eran superadas las 12 del mediodía. A algunos pasajeros comienza a inquietar la velocidad con que el micro se moviliza, sobre todo por la lluvia y el estado de la ruta. Pero ya es mediodía, y San Ignacio espera, a pocos kilómetros nada más.

Como es bien sabido, antes de ingresar a San Ignacio hay una curva sinuosa, aquella popularmente conocida como “la curva de la muerte”. Con varios accidentes encima, dicho lugar se había transformado con el tiempo en oratorio a la prudencia. Un lugar para respetar las señales de tránsito y sobre todo la peligrosidad de la pronunciada curva.

La realidad es que toda esa algarabía precedente dio un giro de 180 grados, un inesperado vuelco que cambiaria la vida de nuestros protagonistas para siempre. Allí nomas, a un paso del Yabebiry, es decir, a pocos kilómetros de la localidad de las ruinas nuestro micro fue a parar a un costado del camino. Luego de girar como un trompo, se aventó hacia la banquina para salirse definitivamente. Una tras otra, las vueltas pusieron al micro patas arriba, hasta quedar inerte de un costado, en un barranco, a unos 20 metros de la ruta. El saldo de la tragedia fue de 8 muertos y 24 heridos. A todo esto, ya eran las 12:30 del mediodía de un dia gris y turbulento, para muchos, dificil del olvidar.

Este articulo fue posible gracias a la colaboración del señor Leo Duarte.-

Las imágenes son del diario El Libertador de su edición de lunes 11 de febrero de 1980.-

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