En su cuento La Leyenda del Teyucuaré, German Dras hace una interesante descripción del San Ignacio de décadas del 30, siendo la navegación –ya sea precaria o sofisticada- el único medio para adentrarse –vía Paraná- a los confines del terruño misionero. El Dragón supone el inefable elemento supersticioso, que elevado a la potencia de la imaginación pasajera, lejos de atiborrase, amalgama la aventura por descubrir los enigmas de aquel cerro. La misma descripción morfológica del arroyo y la espesura del morro, deja entrever la influencia de la tradición oral guaraní, que lejos de desaparecer en la interpretación de Dras, afianza la cosmovisión simbiótica heredada de la curia jesuítica. Sin embargo, pareciera metafórico ese bocado histórico hecho banquete del siniestro morador: en principio nativos, luego jesuitas y, mucho después- contemporáneamente al narrador- el vapor hará lo propio, destronando a la bestia, que humillado arrullara su escamosa figura, formando dos arroyos, frente a la otra orilla. Sin dudas la aparición de las embarcaciones a vapor y en consecuencia, la sucesión de puertos y ancladeros, dejo entrever la ruidosa forma en que hombres y mujeres adentraronse en los confines de la selva, marcando un compás sonoro difuso, muy distinto al ruidoso estrepito de lo natural. La leyenda, lejos de morir, seguirá adaptándose entre pioneros vernáculos y ajenos que, como el mismo Dras, desnudaran su impronta ante la ancestral figura del cañadón.

Federico Gomez

La leyenda del Teyucuaré. Apuntes del Alto Paraná. En German Dras ¨ Alto Parana¨. Buenos Aires. Editorial Tor. 1939.

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