“Escriben menos que un bolígrafo sin tinta, cuando me ven se descomponen, color blanco pálido como los dientes de embuste que se ponen”. Residente Calle 13.

hermana roca

 

Preliminar:

Carmen es una amable vecina de San Ignacio, los niños de la vieja escuela siempre jugábamos al carnaval con las “bombitas”;

_ Hola señora me da un peso de caramelos, cincuenta centavos de chicle y veinticinco de bombitas.

_ Hola hijo, ¿veinticinco pesos? (esa era su forma de divertirse a expensas de nuestra tierna inocencia).

Jamás hubiese pensado que pasé mil veces frente de su casa y nunca antes se me había ocurrido escuchar lo que ella tiene para contar.

Una tarde llego a su kiosco a comprar tabaco y mi viejo me dice:

_ ¿Vos sabés que la señora es pariente de Rudesindo y Julio Argentino Roca?

Sorprendido atiné a dar más explicaciones de por qué me urgía venir con tiempo a conversar con la señora, la cuál no tuvo inconvenientes en brindarme su tiempo y acceso a información desconocida, como dice ella; [“...lo que yo vi cómo fue San Ignacio…].

Roca 1

Testimonio:

Carmen Saida Roca: Nacida en 1935 es una de las antiguas pobladoras de San Ignacio, oriunda de una aldea llamada “Chuñu”, su padre Máximo Alejandro Roca era propietario del establecimiento el cuál contaba con un negocio de ramos generales. Como así también las plantaciones de yerba y secaderos al estilo urú y guaino, fabricaban canchada para luego venderla en Posadas. En esos tiempos la actual capital de Misiones no era una gran ciudad, sino más bien un centro comercial de baja producción propia, es decir los posadeños en varias oportunidades adquirían las mercancías a los productores rurales. La yerba canchada que se producía en “Chuñu” además de ser procesada de manera artesanal como en cuentos de Quiroga, se almacenaban en el “noke”.

Chuñu llegó a ser un gran centro de producción Carmen recuerda que cuando ella tenía 12 años de edad, el establecimiento se encontraba en su esplendor de crecimiento, esto transcurre en épocas del peronismo. Alejandro Roca -padre de Carmen- era antiperonista porque estaba obligado a colaborar con un cupo de yerba; las cuáles eran donados tal vez a la “Cachuera” para que sea elaborada y repartida a la gente. Don Roca debería hacerse cargo de lo que sale elaborar una tonelada de yerba para luego ser repartido en las fábricas, en esos tiempos funcionaba un ente denominado la Junta Reguladora de Yerba Mate y luego la distribuían las industrias que realizaban el proceso final de fabricación y envasado.

Carmen estudió hasta el tercer grado en la escuela de “El Triunfo” que quedaba cerca de la María Antonia, donde también había un almacén de ramos generales y además había estafeta de correo, esto era una especie de buzón donde se colocaban las cartas o encomiendas para luego llevarlas al destino. Los medios de comunicación de transportes se realizaban en viajes por el río, ya que no existían las rutas como tales, en esos intercambios Don Roca compraba mercadería en Posadas y las enviaba a su establecimiento por barco.

Carmen recuerda que en la escuela de El Triunfo sacaban raíces de cardo santo para secarlos al sol y le sacaban las cortezas, para luego estrujarlas y así conseguir fabricar sogas caseras y naturales. Simultáneamente otros objetos se podían comprar en los negocios de la época, “La Confianza” de Esteban y Kati Small, también la tienda “La Giralda” donde actualmente es “El Cabildo” en ese entonces a cargo de un señor de apellido Mazal. En la calle Lavalle había una mercería a cargo de José Djundi donde podías encontrar ovillos, botones, lana y bijouterié.

Los Palacios eran amigos de Máximo Alejandro Roca siempre solían hablar de negocios, Don Alejandro tenía criaderos de chanchos de incontables cabezas, solía trocar sus mercaderías con los hermanos Palacios, como así también con la maestra de Carmen a la cuál solían regalarles lechones. En esa época había una sola línea de colectivos funcionado en el transporte local, perteneciente a la familia Martignoni.

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Carmen comentaba que a fines del cuarenta, lo que hoy es su domicilio no existía, como dirían los abuelos era todo monte y esa parcela la consiguieron luego que Don Alejandro falleció, lo que actualmente es el domicilio del Dr. Bruera había una despensa manejada por una señora de edad, su nombre era doña Victoria. Avanzando un poco en el tiempo (las conversaciones con una señora sabia nunca son lineales, y si crees tener el control, primoroso te ataron un lazo) destaca Carmen que en tiempos de gestiones del intendente Barnasthpol, se creó el trazado de la avenida Sarmiento, también se construye la primera terminal de colectivos que poseía electricidad y baños instalados que eran toda una novedad para la época.

Como había dicho antes este relato no es lineal y volvemos para tiempos del San Ignacio colonia, cuando todavía vivían en Chuñu, un alemán llamado Hugo Scheiffer vino a nuestras tierras motivado por las pocas oportunidades en el contexto de la Primera Guerra, para infortunio del europeo fue asesinado, se sabe que su agresor fue un paraguayo pero el motivo del asesinato es desconocido. A lo mejor pensaban que por su procedencia era una persona adinerada y a lo sumo contaba con diez pesos en la billetera cuando lo encontraron muerto, por sus heridas corto punzantes la acometida daban signos de pelea con arma blanca. Después de muchos años comentaban que tal vez un paraguayo llamado Simeón González y su hermano fueron los autores del crimen.

Con el objetivo de acrecentar la productividad de la colonia, uno de los hermano de Carmen quiso instalar una planta de carbón en los alrededores, pero fue imposible porque los contrabandistas hacían de las suyas. Era de público conocimiento que en esos tiempos Lirio A. era adolescente ratero y rondaba la zona de “Chuñu”, este señor era hijo de doña Tomasa “la mulata” quiénes también fueron los primeros habitantes del puerto viejo.

Con la muerte del alemán don Roca por precaución contacta a un amigo de Córdoba y decide llevar a su familia a vivir en Cosquín, donde vivieron 3 o 4 años, Carmen estudió en el “Sagrado Corazón” de Cosquín culminando así sus estudios de nivel secundario. Las monjas se encargaban de impartir toda la educación y la administración del lugar. La madre superiora del establecimiento se llevó consigo a las cuatro hermanas Roca a la ciudad de Flores de Buenos Aires, debido a que don Roca había fallecido, allí continuaron estudiando en el instituto Ana María Janner.

La tercer hermana, Alejandra Roca, no quería continuiar con sus estudios entonces se contactan con la madre superiora del “Angel Roffo”; en dicha institución se recibió de enfermera donde empezó a ejercer rápidamente la profesión. Su segunda hermana empezó sus servicios como monja de Clausura, entonces Carmen y la menor Marta Adela Roca tuvieron que alquilar una vivienda, la menor de ellas empezó a trabajar en la fábrica de Alpargatas Argentinas.

A todo esto, Carmen trabajó en varios rubros pero más recuerda al Instituto de Obra Social del Ejercito (I.O.S.E), desempeñándose en rubros de secretariado de oficina. Su hermana Marta pudo consolidar una oferta formal de trabajo en la municipalidad de Lanús, con el transcurrir incesante del tiempo consiguió jubilarse como trabajadora del Estado.

Regreso: “...Como siempre que se cambian los papeles...”

Cuando Carmen vino de vacaciones en el ‘79 en la zona no había luz ni agua, sin embargo cuando regresa en el ‘83, el señor Dos Santos inició los trámites para recibir los servicios. El proceso tardó unos dos meses en la conexión por falta de cupo. Donde actualmente es la casa de doña Carmen no había nada, solo yuyales, tuvo que arreglárselas en una vivienda improvisada con costeros de pino. Los Famulares familia que vivían en Lavalle y Moreno supieron brindarles hospedaje donde vivieron veinte días, hasta que lograron acondicionar el lugar donde se establecieron de manera definitiva. En su casa actual descubrió un alisado debajo del gramillar, jamás Carmen se había dedicado al rubro de los almacenes porque no tenía experiencia, inspirada en una amiga empezó con unos pocos pack de gaseosa, vinos, chicles de fruta y de menta, caramelos masticables.

Dato: el terreno de la esquina lo adquierieron con el fallecimiento de don Roca.

Villa Ema era todo de Alejandro, pero los terrenos vendidos no tenían papeles ni boletos de compra venta.

El lugar actual del terreno se salvó mediante Rosa Fleitas madre de doña Carmen. Chuñu dejó de existir por malas administraciones después del fallecimiento de Don Roca.

Desde el gran establecimiento, tanto pertenencias personales, como herramientas de trabajo son de paradero desconocido.

Los homenajes son en vida y vaya este humilde retrato a Doña Carmen Roca.

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Autor: Gómez Carlos Adolfo.

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