Breve reseña histórica de la restauración de la Misión Jesuítica de San Ignacio Miní en San Ignacio, Misiones, Argentina

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Arq. Onetto y su cuadrilla llevando a cabo las tareas de restauracion.-

Estas líneas pretenden visibilizar y homenajear a aquellas personas que hicieron posible la puesta en valor de la Misión Jesuítica de San Ignacio Miní de la localidad de San Ignacio, Misiones, Argentina.

Para ello se tomará como principal referencia las palabras del encargado del proyecto de restauración, el arquitecto Carlos Luis Onetto, quién plasmó su experiencia sanignaciera mediante un libro* editado por la D.N.A (Dirección Nacional de Arquitectura) y, además, aportes familiares y de otras fuentes que sirvieron al presente escrito.

 

Carlos Luis Onetto nació en Buenos Aires el 5 de enero de 1.909. Se recibió de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires en 1.932. En este mismo año ingresó en la Sección Proyectos de la Dirección General de Arquitectura y fue Miembro de la Comisión Asesora del Ministerio de Obras Públicas (M.O.P). Desde 1.940 y hasta 1.948 fue segundo Jefe de la Sección Monumentos Históricos y Jefe de dicha Sección entre 1.948/49 realizando trabajos de investigación, relevamiento y restauración de diversos monumentos históricos en Córdoba, Buenos Aires y en Misiones, esto último en San Ignacio, tema del presente trabajo.

Fue premiado en 1.978 por la UNESCO por su incansable labor de estudio de documentaciones para la incorporación de las Misiones Jesuíticas en la Lista de Patrimonio Mundial, entre otras actividades.

Realizó, además, durante más de cuarenta años, numerosas obras particulares integrando el estudio Onetto - Ugarte - Ballvé - Cañás y Musheli.

Las obras en las Ruinas

Las obras comenzaron en 1.940 y continuaron por alrededor de siete años. La selva y su fauna habitaban las ruinas y las primeras tareas fueron extraer la maleza (que no cesó durante la ejecución de la obra) y los árboles que la habían invadido con medios precarios, con hacha y machete, y el mayor peligro para los que removían las piedras entre la maleza eran la víbora yarará que abundaba y la de coral, para la cual no existía antídoto en ese entonces.

Debieron superar los obstáculos que se les aparecían, como la carencia de medios mecánicos e insuficiencia de recursos materiales, debiendo aserrar troncos de árboles para hacer tablones o aparejos para levantar las piedras de gran tamaño y peso.

Se necesitó un “ejercicio de maestría” para volcar los árboles que crecían dentro de las habitaciones o muy cerca de las paredes. Se requirió un paciente trabajo con las raíces enmarañadas de los higuerones, entrelazadas con las piedras, obligando a realizar desarmes.

También se procedió a descubrir los pisos de baldosas de las habitaciones y otras dependencias, levantados y recolocados a nivel. El retiro de tierra, que había subido de nivel luego de tantos años, se realizó metódicamente por franjas perpendiculares a los muros con el objetivo de recolocar los mampuestos hallados en estas con fidelidad en su sitio.

Nos cuenta en su libro el arquitecto que el criterio que sustentó la realización de la obra fue consolidar las ruinas manteniendo su autenticidad, de tal forma que el desarme de muros y su reconstrucción sólo se hizo en los casos en que se encontraban desmembrados y era imprescindible rearmarlos.

El mayor hallazgo de las ruinas fue encontrar la figura del ángel que estuvo ubicado simétricamente al que se había mantenido en el muro izquierdo, y de esta manera fue posible reponerlo en su sitio y reconstruir esa parte de la fachada.

alfredo belingheri

El sr. Alfredo Belingheri tomo parate de la tarea de restauracion.-

El personal de las obras en San Ignacio Miní

La obra estaba a cargo del personal de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, cuyos trabajadores anónimos, unos diez, Onetto los recuerda reconociendo el durísimo y peligroso trabajo que les tocó realizar, muchas veces bajo el sol abrasador.

Sólo palabras de reconocimiento son dirigidas al capataz de la obra, Dn. Edmundo Belingheri, quien Onetto lo describe como capaz y serio colaborador. Con estos atributos de su capataz Belingheri, el arquitecto pudo llevar adelante, mediante instrucciones muy precisas, el control de la obra sin permanecer continuamente en ella, lo cual le posibilitó realizar investigaciones en Buenos Aires, imprescindibles en este proyecto.

Estuvo a cargo de la Administración y Control de las instrucciones el técnico Martín Uldokat y como conductor de obra Francisco Nadal Mora, quien debió concurrir en tres oportunidades a las ruinas para colaborar con el capataz de la obra.

Edmundo Belingheri, capataz de la obra, nació en Concordia, Entre Ríos, un 20 de octubre de 1.920; trabajó junto a su padre Alfredo Belingheri (Salto, R. O. del Uruguay, 1.889 - Corrientes, 1.959) en las campañas de restauración de las ruinas. Ambos domiciliados en Corrientes para el momento de las obras.

Don Alfredo dedicó gran parte de su vida al trabajo de construcción en la Dirección General de Arquitectura de la Nación (VII° Zona) del Ministerio de Obras Públicas en la ciudad de Corrientes, emprendiendo diversos trabajos como la construcción de la Escuela Normal de Maestras “Dr. Juan Pujol”, declarada Monumento Histórico Nacional en 2.015; el Colegio Nacional “Gral. San Martín”, declarado Monumento Histórico Nacional en 2.019, ambos de dicha localidad, entre otros.

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Sr. Edmundo Belingheri Capataz de obra y eximio colaborador del Arq. Luis Onetto.-

Un pedido de restitución histórica.

Es digno de resaltar que el arquitecto Onetto en el libro que tomo de referencia (p. 149) hace mención que … “a fines de 1.901, fue quitada del frente de la iglesia la piedra laja con la inscripción IHS, para ser enviada a Buenos Aires por el río Paraná, por orden del Dr. Carlos Pellegrini” y afirma que sería una decisión ejemplar que esta importante pieza del Monumento fuera restituida al mismo, en donde aún se conserva su par con el lema AM (actualmente se encuentra en el Museo Histórico Nacional en la C.A.B.A).

A casi veinticinco años de este reclamo explícito, de este protagonista que con toda autoridad lo plasma en su libro y hoy la Junta Histórica de San Ignacio (JHSI) continúa abogando por este reclamo histórico, para que vuelva a su sitial de donde nunca debió ser despojado.

* Onetto, Carlos Luis. “San Ignacio Miní. Un testimonio que debe perdurar”. Dirección Nacional de Arquitectura. Primera edición. Bs. As. 1.999

Profesor Cristian Andrés Osorio

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