El transcurso de la conquista espiritual americana dejará notables obras de tipo arquitectónico, escultórico y demás expresiones artísticas, pero lo que marcará en profundidad su paso, será la transformación cultural del guaraní. Fruto de ardua negociación y experiencia previa. La misma puede atribuirse a la determinante labor de los padres jesuitas -que en más de una ocasión acabaron en martirizante agonía- y a la predisposición de los caciques guaireños, que igualmente debieron soportar la desaprobación de sus propias comunidades, influenciadas por los Payé (chaman o líder religioso).

Decidir la incorporación de estos misioneros al Tecohá (aldea), como puede inferirse en las cartas anuas, no resultó nada idílico. Igualmente esos primeros ensayos no fueron sencillos. El jesuita debía estar solo en un mundo agreste, sin alimentos conocidos, intentando balbucear alguna palabra en guaraní, aunque mas no sea con el afán de caer simpático, pero sobre todo, manteniéndose atento al quehacer conspirativo del chaman. Este era pues el punto medular de coincidencia con el cacique (mburubicha), en vista de que su poder, trastocado por los excesos de los conquistadores, debía reafirmarse de algún modo. Por ello es que más de un cacique percibió en estos hombres - aunque más no sea por una cuestión de conveniencia - una ''singular mística'', en fin, una alternativa orgánica en medio del desorden chamánico conspirador. Algo así como un enviado de los dioses para desmentir los designios del Payé y con ello inclinar la balanza del lado suyo, de tal modo a ejercer legítimamente el avañeé (oralidad y factor de legitimación) y, con ello, ostentar el control absoluto del Tecohá. Los primeros jesuitas pronto advirtieron esta situación y no dudaron en prestarse a una alianza explicita con los caciques, total, no eran más que ''demonios'' los referentes del otro lado y, como tal, debían hacerle frente. Esta coyuntura indudablemente facilitó el acceso de los misioneros al interior del Tecohá -y a juzgar por el hábito empírico de los mismos-, a desarrollar una notable labor etnográfica y lingüística que redundó en un proceso de aculturación donde la aprehensión del lenguaje (avañeé), representó ni más ni menos que el elemento determinante de su labor. A esto cabe acotar que ser cacique equivalía no solo a una ecuánime capacidad de conducción, sino más bien a ser un hábil orador, munido de versatilidad y elocuencia. Esa era pues la habilidad que ponía a prueba a cada momento el líder y de la cual naturalmente dependía su prestigio personal. Por ello, más que nada, los jesuitas fueron conscientes de que en el lenguaje se hallaba el factor persuasivo necesario para la clave del éxito misional, éste era ni más ni menos el acceso al cosmos guaranítico y la posibilidad de transferir el mensaje cristiano sin agraviar al receptor. De ahí que la entusiasta labor religiosa por momentos se volvió científica y, la actividad de ''conocer al otro'' hizo posible la permanencia de los padres en el ámbito guaraní. Sin embargo, no fueron pocos aquellos jesuitas que acabaron en manos de caciques celosos. Era pues el cuestionamiento de sus hábitos una afrenta, un sacrilegio directo a sus antepasados y a la sabiduría que los mismos supieron delegar. Ello, sumado a la voz del Payé (intérprete del malestar social), no hizo más que incendiaria la situación del visitante, que pronto sería víctima de una acusación generalizada y peor aún, de una muerte segura a manos de sus detractores. El epílogo de su misión como hombre de Cristo, sin embargo, no acabaría en esa trágica circunstancia, puesto que de sus cartas trascenderían gran parte de sus observaciones y experiencias, lo cual a la postre significaría un notable aporte a sus hermanos de la Compañía. Con el tiempo, estas cartas introdujeron al novicio en los usos y costumbres del guaraní, en su habitad natural, pero sobre todo en las contradicciones políticas que afloraban al interior de la etnia. Motivo éste por demás importante, puesto que predisponía al futuro misionero a abordar su misión, con la certeza empírica además de la fe.

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