andres haddad-La Firma  Orbe y Urrutia  tenía una sucursal en San Ignacio y un día de esos,  el 1926, Don Joaquín Urrutia me dijo - Andrés, yo quiero que vaya a San Ignacio y se haga cargo de ese negocio- ¿en qué condiciones me haría cargo? pregunté - te vamos a vender el negocio.

y Con qué dinero voy a comprarlo?,  si no lo tengo.

- no te preocupes por eso,  vos te vas allá y me vas pagando como podés.  Me hice cargo y creo que comprarlo me costó 20.000 $  que equivaldría a mas o menos 200.000 de hoy.” [aprox 1995]

allí fui prosperando  rápidamente , era el negocio más importante de San Ignacio.  las operaciones de venta se realizaban de la siguiente manera:  en San Ignacio había tres establecimientos yerbateros, eran la María Antonia de una firma llamada tierras y colonización;   otro establecimiento importante era “La Plantadora de Yerba mate”, le seguían importancia “El triunfo”, que anteriormente había formado parte de la María Antonia. Los Herrera Vega habían encargado a unos parientes de apellido Palacios hicieran la plantación de Yerba mate,  echaron el monte hicieron la plantación y levantaron la primera cosecha de Yerba que vendieron por un valor de $300000. esa suma representaría varios millones de pesos en la actualidad. Cuando llegó el momento de discutir las utilidades no se pusieron de acuerdo y fueron a juicio en los tribunales de Posadas, y terminó con El Triunfo de los palacios,  los que recibieron en compensación una parte de la María Antonia y le llamaron el triunfo.

dichos establecimientos hacían el pago quincenalmente y ocupaban muchos obreros, La María Antonia, más de un millar, la plantadora una cantidad parecida, la del triunfo era más reducida; estaba más o menos a 8 kilómetros de San Ignacio y cuando se hacía el pago de todos los obreros venían a este lugar adquirir mercaderías,  porque en los 8 kilómetros a la redonda No había ningún otro negocio; en la María Antonia había una proveeduría muy importante, pero no satisfacía los obreros porque los precios eran altos y carecía de surtido. Se podría decir que el día de pago la concurrencia San Ignacio formaba como un malón de compradores, mi señora, los empleados y yo no dábamos abasto. También teníamos una panadería que surtía a la zona hasta Corpus.  como dije que era un aluvión de compradores, la mayoría eran paraguayos que venían para la cosecha y cuando ésta terminaba retornaban a Paraguay. Lo que más deseaban era comprar trajes de color azul y todos querían comprar revólveres marca RUBI. nosotros atendíamos a los Compradores, Nos pedían una tela estaba en el estante más alto, la bajábamos, Después de mirarla decían -no, me gusta aquella otra- no nos daban tiempo de volver a colocar la mercadería en el lugar que ocupaba y la tiramos al suelo.  llegaba la noche y estábamos agotados de cansancio. estábamos el dinero en una valija, todo arrugado, no teníamos tiempo de contarlo, quedaba la plata amontonada.

Teníamos un camión Ford T y en él íbamos a Posadas  a comprar mercadería, cuando nos hacía falta y lógicamente  el único lugar donde comprabamos, especialmente las mercaderías de almacén,  era en el ferrocarril. allí llevábamos la valija llena de dinero y le encargamos al Señor Urrutia,  quién necesitaba casi mediodía para contarlo y acreditarnos. nos encargaba la nueva compra sin si quiera hacernos firmar la conformidad.  Cargábamos el camión y volvíamos a San Ignacio. Era tan penoso el viaje que recuerdo que una vez viajaba con mi señora y el camión no podía Subir la cuesta entre Santa Ana y San Ignacio,  era de noche, en invierno, tuvimos que descargarlo para subir la cuesta transportar la mercadería a mano y luego volver a cargar el camión para proseguir viaje, llegamos hasta un lugar donde no pudimos continuar y el camión se descompuso.  Recuerdo que entre la mercadería que llevábamos, lo único comestible era el queso de rallar, que no podíamos comer, no teníamos otro alimento y en la cercanía Había una chacra que pertenecía a unos franceses con una plantación de maíz recuerdo que desgranamos y comíamos maíz como los caballos.


del libro:  Mary Edith. Gonzalez “Andres Haddad. Casi un siglo de extraordinaria vision” (Notas autobiográficas) Posadas, Junta de Estudios históricos de Misiones. 1998

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