caseronLa historia del establecimiento “La María Antonia” (en San Ignacio, Misiones) arranca a principios de siglo XX cuando la familia Herrera Vega compra las tierras y pone la administración en manos de sus primos, la familia Palacios, que llega desde Venezuela y entre otras acciones, inicia la construcción de su casco de estancia que es réplica de la casa de su pariente lejano Simón Bolívar, cuya construcción se termina en 1925, en pleno auge de la yerba mate.

Aquí se iniciaron las primeras plantaciones de yerba mate, después de que se perdiera el conocimiento del cultivo, cuando fueron expulsados los Jesuitas, y es éste también el escenario que consolidó a hombres y organizaciones, entre ellos Andrés Haddad y el Centro Agrario Yerbatero Argentino, que fueron centrales en el desarrollo de la actividad y el desarrollo de la provincia.

Los invitamos a recorrer parte de esta maravillosa historia con fragmentos extraídos de los libros “Misiones – Itapúa y los pioneros del oro verde”, de Alejandro Larguía, y “Andrés Haddad. Casi un siglo de extraordinaria visión”, de Mary Edith González: “Con el respaldo del presidente Julio A. Roca (dos veces Presidente de la Nación -entre 1880 y 1886 y entre 1898 y 1904) y el éxito de las primeras plantaciones de yerba mate que había realizado en Nueva Germania (Paraguay), el inmigrante suizo Jules Ulysse Martin exploró el Territorio Nacional de Misiones.

En San Ignacio estaba su yerno Pablo Luis Emilio Allain, ingeniero agrónomo conocedor del cultivo, y es en este punto donde, tras comprar una propiedad y reunir a colaboradores como Ernesto Addor, Pitton, Decoppet. Lagier y Allain, la firma Martin y Cía inicia las primeras plantaciones en el año 1903.

La experiencia de Allain con la yerba implantada la había hecho por su cuenta, comprando chacras en Santa Ana, en las que todavía quedaban plantas de yerba silvestre a las que comenzó a multiplicar por acodos. Realizó plantaciones bajo monte, con mudas logradas en vivero propio utilizando semillas adquiridas en la colonia Germania del Paraguay, donde ya se había desarrollado
la producción de mudas en viveros.

En 1910, Rafael y Marcelino Herrera Vegas compraron a Teodosia Lencisa de Roca e Hijos, la sucesión de CI. Rudesindo Roca, 3.000 hectáreas de tierra con frente al río Paraná y sobre el arroyo Cazador, en San Ignacio, y al establecimiento lo bautizaron La María Antonia.

Las primeras plantaciones, realizadas bajo monte en 1913, se hicieron con las 300.000 mudas adquiridas en la Estación Experimental de Loreto del I.A.T.E.M. En 1915 ya había 750.000 plantines de yerba bajo monte siguiendo la técnica que había iniciado Pablo Allain, pero al percibir que las plantas no se desarrollaban, éste hizo una prueba de dos hectáreas cortando las mudas de yerba al ras de la tierra y tumbando el monte que las cubría. Al año siguiente la brotación de las plantas recepadas ya a la intemperie fue tan vigorosa que se decidió voltear todo el monte… de allí en más todas las plantaciones se hicieron a cielo abierto.

A partir de 1917 en el establecimiento La María Antonia comenzaron a cosecharse los yerbales implantados desde 1913 (…) La primer comercialización alcanzó 300.000 kg de canchada. Por entonces la yerba se vendía entre $5 y $6 el kg a los molinos. La hoja verde a $ 5 la arroba.
Este precio era una enormidad y el resultado del negocio era excepcional. Fue entonces cuando comenzó a aplicarse la expresión del ORO VERDE (…) En 1921 la cosecha alcanzó un millón de kilos de yerba canchada.

En ese contexto, (…) en 1923 en La María Antonia habían sido invertidos ingentes capitales (…) la secanza mecanizada se hacía en el establecimiento que desarrolló una infraestructura industrial muy avanzada. El producto final cargado en bolsas de arpillera se embarcaba en el Puerto Cazador, propio del establecimiento. El movimiento desde los secaderos a los galpones y de los galpones al puerto se realizaba con un sistema de zorras sobre rieles, arrastradas por locomotoras a vapor (…)

El tope de la locura de precios ocurrió en 1923 debido al corte de la importación de yerba de Brasil (…) Todo el mundo se largó a plantar más hectáreas, pero cuando estas entraron en producción en 1929 y se había regularizado la importación de Brasil, la sobreproducción provocó la caída de los precios que llegó al fondo, coincidiendo con la crisis del 30. Fue entonces que el Gobierno instauró el plan regulador que culminó con la creación de la Comisión Reguladora de la Yerba Mate(1935), la que intentó reducir los excedentes poniendo límites a la cosecha (…) Esto no se logró. La rentabilidad del cultivo siguió decayendo con el agravante de la progresiva caída de los rindes por la edad de las plantaciones y el descuido de las tareas culturales (…)

El censo de yerbales implantados practicado en 1919 por el Ministerio de Agricultura de la Nación muestra al establecimiento Santa Inés, del español Don Pedro Núñez, primero en el ranking de superficie de yerba cultivada, con 800 hectáreas.

El segundo lugar lo ocupa, con 750 hectáreas, el establecimiento La María Antonia, de los Herrera Vegas, en San Ignacio. Luego sigue Martín y Cía, también en San Ignacio, propiedad del suizo Jules Ulyses Martín, con 650 hectáreas, y en cuarto lugar, también en San Ignacio, el Ing. Pablo Allain en La Plantadora de Yerba SA, con 577 hectáreas.

Un buen día en el año 1953, habiendo sido ofrecido en venta el establecimiento La María Antonia, el Sr. Andrés Haddad, fuerte comerciante de origen libanés con despachos de ramos generales en San Ana y San Ignacio, se interesó en su adquisición (…) La transferencia de dominio de La María Antonia fue firmada el 6 de diciembre de 1955 por los integrantes de una comisión liquidadora designada por las sucesiones de Rafael (h) y Marcelino Herrera Vegas (h), (…) con una superficie de 1.459 hectáreas.

 

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