Discurso presentado por Nestor Ríos.

 

Fallecido el escritor Horacio Quiroga el 19 de febrero de 1937, se puede leer en cartas de su segunda esposa María Elena Bravo y de los hijos del primer matrimonio -Eglé y Darío- sobre la sucesión de los bienes del escritor.

Si su biógrafo, Emir Rodríguez Monegal habla de la propiedad de 185 hectáreas en su obra “El Desterrado”, en San Ignacio es muy poco probable que Quiroga haya logrado tal superficie por dos razones: la primera es que la unidad de explotación agrícola de la Dirección de Tierras  y Colonias del M.A.N era (y sigue siendo) de 25 hectáreas. Segundo que 185 hectáreas equivalían a más de 7 unidades de explotación.

Lo probable es que haya recibido en adjudicación precaria, 3 unidades, equivalente a 75 hectáreas.

La primera hija del escritor Eglé, nacida en 1911 se casó con Roberto Lenoble, un francés que era parte del directorio de la empresa yerbatera Martín y Compañía en la década del ’30. Pero en 1938 falleció Eglé y tiempo después Lenoble cede la mitad de la fracción “C” lote agrícola 25, que el escritor Horacio Quiroga habría cedido a la pareja al casarse, para el asentamiento del Escuadrón 11 San Ignacio de Gendarmería Nacional.

Las otras dos fracciones al sur corresponden al “B” del lote 25 y a la fracción “C” del lote 19 fueron con seguridad las ocupadas por el escritor, porque además todavía se conservan vestigios de plantas de yerba mate de la plantación de 5 hectáreas que tenía registrada de su propiedad.

La falta de investigación no permite echar luz sobre las operaciones de los predios que ocupó el escritor, aunque existen documentos de María Elena Bravo y de Darío Quiroga que a fines de la década del cuarenta estaban litigando para obtener del Estado Nacional, el título de propiedad por posesión treintañal.

Según cuentan los vecinos, que siendo jóvenes en la década del ’60, se llegaban hasta este predio histórico, estaba en estado de abandono y solo cuentan de la existencia de la casa de piedra.

Es de presumir que el escritor solicitó la adjudicación de los terrenos en 1906 en Buenos Aires y que entre 1907 y 1908 construyó su bungaló. En esos años era profesor de escuela de nivel medio y se casó en diciembre de 1909. A principio de 1910 viaja a San Ignacio para radicarse con su esposa. Los acompañan su suegra, una amiga y su primo.

Es posible imaginar el lugar que elige para construir su primera casa de madera, su bungaló como acostumbraba llamarlo no fue en ninguno de los lotes solicitados, sino en un sobrante con afloramiento rocoso de la fracción “A” del lote agrícola 24 de una superficie de 5 hectáreas que ocupaba el vecino Max Bösse, quién tampoco era propietario porque se trataba de un lote fiscal.

La trascendencia de la obra de Horacio Quiroga fue adquirido con el tiempo, hizo que el gobierno de la provincia de Misiones representado por el Sr. Gobernador Don Ludovico Slanovitz, adquirió 5 hectáreas que pasaron a ser parte del Patrimonio Cultural de la Provincia en el 1964. Tiempo en el que también se creó el registro de la propiedad de inmuebles; y se declaró a las fracciones “B” del lote 25 y “C” del lote 19 que había ocupado Horacio Quiroga, reserva de Gendarmería Nacional por decreto Nº 1842/64.

En septiembre de 1964 se produce la primera fuente de valor de la casa del escritor. La convocatoria la realizó el comandante de la Gendarmería Nacional  de apellido Quiroga   acompañado por autoridades de la municipalidad y de establecimientos educativos. Los vecinos colaboraron en aportar objetos propios del lugar y otros que sirvieron para ambientar la casa de piedra.

El estado de abandono de la Casa de Piedra facilitó la ocupación de cuatro familias que vivieron en distintas épocas. Antes del año 1950 habría vivido un matrimonio de apellido Estigarribia, según una cita en una carta perteneciente a Darío Quiroga. Desde 1951 a 1953 vivió el gendarme Gregorio Domingo Videla con su familia. Según testimonios de la profesora Patricia De Milano, residente en Quilmes, nacida en 1961, pero que le había contado su madre María Luisa Videla que fue traída por su hermano cuando tenía 16  años.

También residió la familia del gendarme Jacinto Jesús Sampedri hasta el año 1957, testimonio de la vecina María Eva Zampedri. Sin fecha precisa vivió otra familia más.

Testimonios de Ramón Juárez, dicen que en 1970 la provincia de Misiones contrató a su padre Juan Juárez, que además el Estado Provincial construyó una casita de chapas como residencia del cuidador. Juan Juárez recibía a los visitantes y contaba sus experiencias vividas cuando joven.

Juan Juárez era hijo de Isidoro Escalada, hombre de confianza del escritor, amigo de Darío Quiroga y fue quién acompañó a Darío Quiroga en su viaje de caza al monte con una escopeta. La demora al regresar de ambos provocó inquietud y ansiedad en Horacio, lo que le dio la inspiración al cuento “El Hijo”.

Al fallecer Juan Juárez en 1984 este lugar fue ocupado por Ramón Juárez que se retiró en 1986 llevando la casita existente.

En los primeros meses de 1986, el Gobierno de la Provincia de Misiones representado por el Dr. Ricardo Barrios Arrechea, se hace cargo del lugar creando una recepción, un salón para exposición de material de museo y fotografías. Luego se realizó un audiovisual y un circuito sonoro de 60 minutos que comenzaba en el monte realizado por el profesor Rodolfo Nicolás Capaccio, que fueron acompañados por la Sra. Luisa Celman, el profesor Luís Nelly, la Sra. María Nilda “Titita” Sodá, además de otras personas e Instituciones como el diario “El Territorio”.

Cierro enunciando que en este predio histórico se filmaron: una mini serie de cuatro capítulos que incluía cuatro cuentos cada capítulo a través de la gestión del Sistema Provincial de Educación, “Horacio Quiroga entre personas y personajes” dirigida por el prestigioso y reconocido cineasta  Eduardo Mignogna en 1986.

La película “Historias de Amor de Locura y de Muerte” dirigida por Nemesio Juárez en 1995. Esta última filmación construyó la réplica de la primera vivienda del escritor con techo de tablillas.

En 2012 se intentaron innovaciones tecnológicas no concluidas, pero alcanza a reconstruir la primera vivienda de madera.

 

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