El 25 de septiembre de 1877, sobre los antiguos solares jesuíticos y en sus alrededores, se crea bajo el gobierno de Corrientes la colonia de San Ignacio, la cual sería delineada después de la federalización del territorio (1881) por el agrimensor Queirel. En 1895 con la gran inmigración San Ignacio duplicó su población logrando así una experiencia inédita de crecimiento urbano. Al finalizar 1890 San Ignacio contaba con una población de 300 familias prácticamente todas brasileñas, que hablaban el portugués y guaraní. Las actividades económicas se centraban en el cultivo de la yerba, complementada con plantaciones de tabaco, mandioca, poroto, maíz, caña de azúcar y cítricos, siendo también notoria la dedicación que se venía brindando a la ganadería. Para entonces la explotación maderera se hacía en gran escala. No obstante, a pesar de que San Ignacio se iba desarrollando, aunque no de la manera dinámica que se esperaba, los partidarios intransigentes de la inmigración europea subestimaron el nivel alcanzado por los colonos en su mayoría brasileños o criollos argentinos, quienes seguían poblando esta zona alentados por la campaña colonizadora que se venía haciendo desde el gobierno nacional.

 

Algunos llegaban con el propósito de trabajar la tierra sin ser molestados; otros en cambio, pusieron en marcha mecanismos que generaron actividades en gran escala hasta convertirse en empresarios exitosos. Ya en esta época se empiezan a destacar algunos rasgos culturales que han caracterizado a la comunidad de San Ignacio por años y por lo cual ha recibido el apelativo de “pueblo raro” o “muy particular” en relación a otros poblados de la región. Se observan por ejemplo, ciertos aspectos conservadores que se hicieron evidentes ante la llegada de los testaferros o de aquellas personas, que por ser de afuera, se creía que “…no comprendían lo que significa levantar una colonia”, frente a las cuales- los antiguos colonos- mostraban una actitud parca y poco cortés. Buscaban entonces unirse siguiendo el hábito del compadrazgo de tiempos de Marcelino Buix, hablaban en guaraní y contestaban en portugués y viceversa con razones fundadas muchas veces, ante personas que el presidente Lanusse decía `trataban como intrusos´”. (Cambas G. en Cardozo, N.; 1999: 21)

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IMAGEN: EL HACHERO DE GASTON BOURQUIN (1930)

De colonia a pueblo

El sector conocido como “Pueblo Viejo” fue ampliado en el año 1907 cuando se produce el trazado urbano del denominado “Pueblo Nuevo”, también de ocho por ocho manzanas. Tomado como referencia las narraciones del escritor uruguayo Horacio Quiroga es posible imaginar cómo se desenvolvía la vida en el pueblo de San Ignacio:

“…Constitúyelo una serie de ranchos ocultos unos de los otros por el bosque. Hay en la colonia almacenes, muchos más de los que se pueden desear, al punto de que no es posible ver abierto un camino vecinal sin que se haya instalado en el cruce un boliche (…) En el espacio de dos manzanas están ubicadas todas las oficinas públicas: Comisaría, Juzgado de Paz y una escuela mixta. Como nota de color, existe en la misma rutina invadida por el bosque, un bar creado en los días de fiebre de la yerba mate, cuando los capataces que descendían del Alto Paraná hasta Posadas bajan ansiosos en San Ignacio, para parpadear de ternura ante una botella de whisky.” (Quiroga, H; 1983:97)

Hacia 1914 el departamento de San Ignacio reunía una población de 3.878 personas, hallándose un 20% de ella concentrada en la localidad del mismo nombre (834 habitantes). En los años siguientes el crecimiento fue lento puesto que las industrias yerbateras allí instaladas recién estaban en proceso de formación, no habiendo otro gran emprendimiento que motivara la atracción de población.

 Fuente: Tesis de grado " Desarrollo Turistico Local en el Municipio de San Ignacio " . Posadas, marzo de 2006. Lic Silvia Cubas. 

 

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