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Los intersticios de una buena narrativa siempre trae a colación el interrogante de ¿Por dónde empezar? O ¿A quién/es dirigirse? Después de pensar la importancia que tiene una persona que lleva el registro incansable de San Ignacio entero, vamos a buscarla a la “Escriba de Almas”. Con respecto a la segunda pregunta, es la decisión más difícil pero para la ocasión tenemos visitas charlas a las que consideran nuestra atención. Y suplicamos la paciencia del pueblo y el tiempo necesario para visitar a todos los ilustres y pioneros. En antecedentes es pertinente recurrir a las bases, es por eso que la siguiente misión es hablar con doña “Polola”, quién sabemos trabajó varios años de su vida en el registro de las personas. Con la esperanza de retratar no sólo sus virtudes personales, sino también datos demográficos, algún disparador de ello saldrá. Voz muy dulce, sonrisa grande, rasgos orientales, pocas arrugas y cabellera tiznada por algunas canas de color ceniza; mira con ojos vigilantes y una sabiduría en la observación que solo se aprende con los años. “Polola” es una vecina del pueblo que tiene ochenta años siendo testigo de los hechos que circunscribieron lo que hoy es nuestro pueblo.                   

                                                                                            El primer encuentro desafortunadamente se dio en el registro de las personas, lugar al que la prensa del Territorio u otros diarios digitales sacan notas jugosas, sin embargo en esta reconstrucción no contamos con tal suerte, solo se dispuso de breves quince minutos. Nadie es profeta en su tierra y el letargo de San Ignacio siempre ve con mejores ojos al quehacer de afuera más que las inquietudes locales. Al principio pareció no reconocerme, luego de una serie de bromas nos pusimos al corriente. Con “Polola” hay que estar con todas las luces prendidas, su charla amplia y multitemática. Hablamos sobre las primeras instalaciones del Registro de las Personas, de las costumbres de antes al momento de preparar las comidas en cocinas a leña. En su recuerdo describe al secadero de Martín y Cia. diferente a la instalación actual, cuando todavía los cimientos eran de madera hasta que un eventual incendio propició las modificaciones en dicha infraestructura. Adolia Caballero, su acta de nacimiento tiene una caligrafía horrible, según ella la caligrafía es más fea que la letra de Horacio Quiroga. Realizó sus estudios primarios en la Escuela N°15 su maestro fue el señor Guillermo Altuna, casado con una señora de la familia Guerrero. La exigencia escolar de ese entonces te exigía escribir bien, palabra por palabra, letra por letra, desde su perspectiva hoy por hoy no se enseña buena caligrafía y recuerda que antes la escritura era un proceso casi artesanal. Sus primeras anécdotas estaban referidas al trabajo que desarrollan día a día, sobre sus compañeros, tiene una especial consideración por Argentina y su buena predisposición a la hora de resolver tareas en equipo. Afirma que los cambios tecnológicos juegan un papel importante en el ámbito laboral y académico a la vez que reflexiona: [...“Si uno quiere superarse se hace”…]                                                                                        Polola recuerda que en quinto o cuarto grado juntaron plata entre todos para comprar el manual Manuel Estrada para los estudios; y desde ahí empezó el sufrimiento. Estudiar en aquél entonces era un tanto más complicado que en la actualidad, ya que vivía en Martén y no tenía electricidad lo que dificultaba más aún el proceso de aprendizaje. Polola respira, se toma un tiempo y reflexiona con una retórica dirigida a la juventud ¿Por qué no estudian? Una vez culminado el nivel primario sus estudios los continuó en el Bachillerato Físico Químico “Fray Mamerto Squiu”, completó el primer año y asistió la mitad del segundo. El segundo año se cambió a la mañana y tuvo que dejar de cursar porque urgía ir trabajar. Gracias a su fe en Dios consigió su primer trabajo que lo mantiene hasta ahora y todos gracias Max Enrique Horck y Ubaldo Vandendorp, todo fue gracias y a voluntad de ellos, el Juez Horack habló con su padre (ya que este era maderero y trabajaba en el aserradero de marten y don Horack traía las maderas ahí). Ella quería estudiar en la secundaria y en ese entonces en San Ignacio no había muchas opciones, le tocó viajar a Posadas. La familia de Polola era cliente de Ramón Mandagarán casado con doña Angelica Gasdebinzack (y residían en la actual casa que habita doña Adolia). Angélica tenía una comadre viviendo en Villa Urquiza Posadas, e intervino con esa señora y el matrimonio para que le den albergue para ir a estudiar, no podía pagar una educación privada entonces estudió en el colegio Mixto EEUU de Brasil. Al poco tiempo sufre un ataque de apéndice y perdió el año, por lo cual tuvo que volver a San Ignacio. De todos modos Polola quería estudiar, le gustaba la máquina de escribir, entonces su padre habló con “Tintin” Horack el juez de paz en ese entonces y él la aceptó. Le pidió que vaya a partir de las 10 a.m, porque en ese horario mermaba las actividades administrativas con la gente y ahí aprendió a escribir a máquina, según recuerda antes los libros de dactilografía venían por correo, entonces Ubaldo le prestaba los libros, la tomaron en el puesto y la pusieron a trabajar limpiando la oficina del juzgado, Polola era menor de edad, tenía unos juveniles 16 o 17 años. La oficina tenía una caja aparte que venía Posadas y de ahí sacaban 50 pesos de aquél entonces para pagarle, así empezó.                                                                                                                                                    En el año 1960 la provincia se conforma como tal dejando de ser Territorio Nacional, el registro tuvo cambios ya que el ministerio de gobierno asentaba que el registro de las personas debería tener su delegado, cambiando la modalidad de que el juez de paz del pueblo no ocupe el encargo del registro. Una logística diferente con implemento el del nuevo régimen del registro, el primer encargado fue Raymundo Tevecheri (delegado nuevo). A modo de que la oficina funcione normalmente si el juez se emborrachaba. En el año 60 doña Polola quedó nombrada y trabaja con vigencia hasta ahora en lo que hoy es el registro de las personas. Estando ya en actividad, se puso de novia (Adolia recuerda la seriedad del noviazgo de antes) con un gendarme, esta anécdota le da gracia porque él era un hombre soltero pero maduro (seguro más de 30 años), el pretendiente debía superar una de las pruebas de fuego yendo a la casa de su dama a pedir permiso para llegar de visitas pero no para salir por ahí. Hasta que un día hubo una fiesta en el escuadrón de la Gendarmería Nacional, pero era difícil salir porque tenía que pedir permiso al padre y la madre de la niña Adolia. La condición que pusieron los padres para dejarla asistir al evento fue que vaya acompañada de su hermana también. Polola recuerda lo hermosa que fue esa fiesta, bailaron, comieron, festejaron y jugaron al carnaval. En esos tiempos cuando asistías a un baile te ibas y tenías una mesita con sillas, empezaba la fiesta a las 8 o las 9 y un día o dos días antes había que reservar la mesa, era otra cosa y para salir a la pista te invitaba el damo, venía a tu mesa a saludar y a sacarte. Las parejas se formaban si o si hombre con mujer, el respeto que había era diferente al que practica la juventud de hoy en las salida. En los carnavales se tiraban las serpentinas y el papel picado de colores y si un candidato pretendía tu noviazgo el muchacho te hablaba primero, ella tiene la concepción de que el hombre tiene que dar el primer paso. El final de su anécdota vuelve al inicio de la extensa conversación, en sus propias palabras: [...Aprendí mucho con este lugar de trabajo, siempre en el mismo rubro y le doy gracias a Dios y San Ignacio por este trabajo y ahora estoy pensando si me jubilo o no me jubilo…]. Mandagarán fue un personaje reconocido nombrado ilustre en vida en una cena de la carpa azul en el año 93 donde se conmemoraron a todos los pioneros entre ellos doña Polola. En sus recuerdos, como para descontracturar rememora a “Toty” Correa en un programa de Buenos Aires “Odol pregunta” de Cacho Fontana las preguntas hicieron sobre las Ruinas Jesuíticas justo a un oriundo de San Ignacio.                                                                                                                                              CARLOS ADOLFO GOMEZ.-