Cierto día de 1901 aquella plancha de piedra laja tallada a mano recaló en el Museo Histórico Nacional. Sin mayor connotación uno a uno aquellos fragmentos deteriorados coligaronse cual rompecabezas vetusto. Seguramente el moho habría hecho lo suyo o entre líquenes desperdigados las piezas hundieronse, socavando la emblemática insignia jesuítica. De cualquier modo la profanación estaba hecha. Aquella lapida permaneció- aun hecha pedazos- noblemente adosada al pedestal izquierdo del portal del templo, al menos por un tiempo más en su reducto natural.

Aquel retazo de historia desperdigado en el suelo no dejó de tentar al visitante. Tal es así que una comitiva porteña trasladó el monograma fragmentado a la ciudad Capital. A partir de entonces solía verse al ala izquierda del templo descorazonado. Hasta Nadal Mora en sus trazos pareció intuir el modo en que la misma desangró.

Pasaron años hasta que el padre Guillermo Furlong allá por la década del 60 conjuntamente con el gobernador Cesar Napoleón Ayrault visibilizaran a través de la obra literaria del primero el desapoderamiento ilegitimo del que había sido objeto nuestra antigua reducción. Ya siendo Misiones provincia los reclamos administrativos se sucedieron aunque sin demasiado eco. Entrado el siglo XXI dos proyectos de ley en pos de la restitución solo obtuvieron media sanción en el Congreso de la Nacion, uno en 2007 y el ultimo hace dos años. Todavía queda pendiente de resolución aquel fragmento amputado -como tantos otros- a nuestra historia local y provincial.

Por presente y como Junta Histórica San Ignacio solo nos queda reafirmar este reclamo genuino para que en un futuro no tan lejano la razonabilidad de la justicia y el accionar comedido de nuestras autoridades restituya lo que a todas luces es nuestro.

Hasta que ello no ocurra el Monograma JHS seguirá siendo un fragmento de nuestra historia incrustado en un sótano del Museo Histórico Nacional.