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En imagen ella y el. Don Tito Ramos y su esposa, doña Aida Silvero.-

Don Tito Ramos y Doña Aida Silvero, dos vecinos de San Ignacio que entregaron su vida al servicio del Hospital, al servicio de la salud de la gente. Cuantas experiencias y anécdotas vividas en el Hospital viejo, donde actualmente funciona en Honorable Concejo Deliberante; y tantas otras en el nuevo edificio que se asoma frente a la Av. Horacio Quiroga.

 

Sin feriados ni días festivos, con frio o calor, con sol o con lluvia, dejaban su familia y partían hacia el cumplimiento de su labor. Cada uno con lo suyo, pero entregando el corazón en lo que hacían.

Ella enfermera, El chofer de Ambulancia. Encontraron en el Hospital el sentido de la vida, la vocación de servicio, el amor, y a partir de ahí una vida juntos. Trabajando silenciosamente en el cuidado y la atención de todos aquellos que llegaban aquejados por alguna enfermedad o algún accidente, sin esperar nada a cambio, sin esperar el reconocimiento ni el aplauso que consideraron siempre innecesario; porque la vocación se lleva en el alma y así el trabajo se brinda de corazón, solían afirmar.

Historias y anécdotas abundan, historias que quedaran guardadas en los pasillos del Hospital, que también fuera la casa de ambos. En su recuerdo y en el de las personas a quienes socorrieron perduran esos pasajes emotivos, difíciles de olvidar.

Aida, atendiendo partos a la luz de una vela o a algún accidentado que llegaban en aquella época, en la que escaseaban los médicos y con uno solamente no se daba abasto, y la enfermera era un poco de todo.

Tito, tantas veces saliendo con urgencia al encuentro de un herido de gravedad en la ruta o en la colonia, llevando esperanza con la luz y el sonido de la sirena de su leal compañera, la ambulancia; o atendiendo como podía un parto en plena ruta, porque el niño se apuro en venir al mundo, y no dio tiempo a llegar al Hospital.

Gracias en nombre de tantas personas a las que ayudaron a lo largo de su profesión. Por tantos años de entrega, de amor por los pacientes, por su gran humanidad en el trato, por su empatía con el prójimo. Aida, esa enfermera que todos quisiéramos tener si estamos en un Hospital, esa que nos da los medicamentos, las inyecciones, cura nuestras heridas, pero además nos da una caricia, una palabra de aliento, nos da esa fuerza y esa fé de que todo saldrá bien y estaremos mejor… Tito, ese chofer predispuesto, con noches sin dormir, con fiestas y cumpleaños de su familia en las que no pudo estar, el que salía rápido como un rayo, por un paciente que requería llegar al Hospital de Posadas para salvar su vida.

El, 72 años, ya partió…pero la acompaña desde alguna estrellita en el cielo… Ella, 78 años, sigue aquí, y a pesar de los años y de su debilitada salud, aún sigue siendo la enfermera de aquel que lo necesita.

Personas, historias. Historias de un San Ignacio que fue creciendo pero que no olvida ni olvidara jamás a quienes ayer y hoy, con su granito de arena ayudaron a construir lo que somos.

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