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Recuerdo cuando era pibe nos solíamos juntar en algún baldío a jugar al carnaval. Algunos con un pito y otros con latas de aceite de 5 litros. Era ruido y arenga, una película tomada de cada escenario donde las comparsas locales solían ensayar. Escoladosamba Ivoti en la plaza Belgrano, Maravilla por el Escuadrón, Patas Show por la plaza Güemes, Arava por el barrio del hospital. En fin, ahí estaban nuestros ídolos, con un palito marcando el ritmo de percusión.

 

Ya de grande comprendí lo que los grandes habían creado allá por el 83. Que don Canteros y su curiosa manía por la música y el baile estrechó en sus brazos al carnaval. Que una veintena de hombres y mujeres desinhibidos abrazaron la libertad y fueron marcando el compás. Después vinieron otras tantas- como las clásicas ya mencionadas- y las más recientes como Sapucay. Todas de algún modo u otro supieron engalanar nuestro corsodromo provincial.

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Miembros de la comparsa Maravilla deplegando con orgullo el galardon obtenido.-

Recuerdo alguna que otra charla con el señor Tabares quien en representación de la comisión de Corsos solía evocar años de esplendor y también penurias. Es que formar una comparsa implica un esfuerzo económico importante y de repente estar en la cumbre de los corsos misioneros demanda un nivel de calidad aún mayor. Pero aun así las comparsas treintonas de San Ignacio son como los clubes grandes de nuestro futbol: podrán descender de categoría, alejarse por un tiempo del podio pero nunca dejaran de existir física y mentalmente en el ánimo del seguidor. Así reaparecen, una y otra vez, con el ímpetu propio de su gente: la hinchada. Esa que ahora viste los colores de cada representación y no se pone colorada a la hora de salir a recaudar fondos en pos de una reanudación o nuevo desafío.

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Distintivo de Escola de Samba Ivoti.-

San Ignacio es la era del lanza nieves. Aquella procesión de abuelos y padres con sus sillones desplegables arremetiendo a doquier sobre la avenida San Martín. El rey momo y las murgas, con personajes grotescos que ya se han ido y han marcado sin embargo una impronta. San Ignacio es la belleza y sensualidad de sus mujeres que alegremente danzan al ritmo de una batucada popular. Por todo ello decimos que San Ignacio es el corazón de nuestro carnaval, porque sin esos latidos humanamente extrovertidos, quizá la historia de nuestra gente no hubiese parido la estirpe que alimenta nuestra identidad.

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Distintivo comparsa Maravilla.-

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