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María junto sus alumnos en una estampa cargada de nostalgia y afectos.-

Agosto, (1981). El mes en que florecen los lapachos en Misiones. Una mochila cargada de sueños e ilusiones. Fue así que el 3 de Agosto de ese año, recorriendo sigilosa las calles de San Ignacio me dirigí a la Escuela N° 15. Sería mi primera experiencia que jamás olvidaré.

 

Una gran emoción experimenté al ingresar a esa casona de estilo colonial lindante con las Ruinas Jesuíticas. Emociones encontradas, niñitos que con cara de asombro, dulzura, tristeza, me esperaban. Sería su maestra suplente, segundo grado, turno tarde.

Uno de los salones que daba frente al aljibe sería el mío. Miradas soñadoras, ávidas de conocimiento pero también de afecto, mucho afecto. Casi sin darme cuenta me sumergí en su mundo. Fui aprendiendo de ellos: de quienes vendían sus plantitas, artículos regionales, verduras, etc. Algunos muy humildes. El Comedor Escolar su único sustento. Almorzábamos con ellos y qué lindo era verlos acercarse con su platito y vasito. A veces nos daban postre y en una de esas oportunidades mi naranja desapareció. Me sentí ofendida por la acción, pero grande fue la sorpresa y enseñanza que recibí. Un alumnito la tomó para llevársela a sus hermanitos más pequeños. “Mi cabezudo” le decía. Desde ese día mi postre y el pan fueron para él.

En otra oportunidad, enseñaba divisiones. Ya habían aprendido multiplicaciones, pero no sabían muy bien las tablas de multiplicar. Enfadada porque no estudiaron les dije que citaría a sus padres para informarles al respecto.

Grande fue mi sorpresa cuando una alumna apareció con su papá (reconocido docente) en mi domicilio. Se adelantó a las circunstancias, alarmado por la situación de su hija. Conversamos y ese papá me enseñó algunas estrategias (caseras me las dijo) para que resulte más fácil. Al otro día, creo que juntamos todas las semillas del patio, para practicar divisiones.

Cierto día una alumna me dijo que quería tener linda letra, si podía enseñarle porque quería ser “abogada”. Hoy, esa niñita es una flamante abogada.

¿Cómo no recordar el Día del Maestro? Flores de jardín, cartitas, dibujos, el corazón puesto en esos recuerdos.

Tampoco olvidaré a la portera, Doña Elisa Pensotti, celosa custodia del patrimonio escolar, que si nos veía con tiza en mano nos daba una tremenda reprimenda a alumnos y maestros porque no debían salir de la Institución.

¡El balconcito! un aula pequeña pero privilegiada. Era mágica… me recordaba a Romeo y Julieta. Me inspiraba historias de amor.

El aljibe era una especie de “fuente de deseos”. Tenía uno en mi casa, había otro en la Plaza frente a la Iglesia pero ese… era inigualable.

Mis colegas… un recuerdo muy especial a Ana María S. de Ríos, Alba Aguirre de Ríos, Beba Barrios, Ester Robirosa, Lety Balbuena, la Señora Infuleski entre otras…

Ver a mis alumnos hoy, reconocidos profesionales, comunicarme con ellos es muy gratificante. Recordar con afecto a los colegas y a la escuela que cobijó mi primer año como docente…un honor.

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Maricarmen iniciando su labor pedagógica. Remembranzas.-

MARIA DEL CARMEN ACOSTA