La Junta Histórica San Ignacio se ha trazado desde sus inicios la meta de transformarse en un espacio de gestión cultural comunitaria, en donde la historia de nuestro pueblo sea reconstruida desde la participación activa de sus protagonistas.

 

 

Ante esa premisa nos llena de satisfacción poder receptar y publicar a modo ilustrativo los detalles de una obra de arte que marcó una época y que por circunstancias aún poco claras ha dejado de existir. Precisamente por eso es menester salvaguardar la memoria y por supuesto los documentos que den fe de la misma, a modo de visibilizar ante el marco de la actualidad contemporánea los detalles de aquel pasado singular.La imagen que se detalla en el presente artículo fue posteada por la señora Julia Onetto en nuestro muro de Facebook Junta Histórica San Ignacio el día 25 de marzo del corriente, dando detalles de que se trataba del ya fenecido Altar Mayor de nuestra iglesia. Lo curioso es que desconociendo la obra y el autor de la misma fueron los mismos amigos seguidores de nuestras publicaciones quienes aportaron detalles para saber de quien se trataba y a que época se remontaba la misma. Entre ellos el escritor Julio Cesar Ramírez quien manifestó en unos de sus atinados comentarios que la obra pertenecía a un pintor de apellido Calzada, a quien le fuera encargado pintar a manera de frescos, imágenes religiosas, en las tres naves del templo principal del Pueblo. Así mismo hizo hincapié en la imagen que representaba la crucifixión de Cristo (ver fotografía), que ocupaba toda la gran pared detrás del Altar principal. Todas esas imágenes luego fueron quitadas de las paredes de la parroquia, las que habrían quedado seguramente bajo varias capas de pintura, aseveró Julio. Respecto a la fecha en que este artista anduvo por nuestro pueblo realizando dicha obra, nos manifestó en otro comentario la señora Sisi Millán que data de 1963/64. Si bien los testimonios aportados por las personas citadas no dejan de ser un desafío más para seguir indagando sobre este artista y su obra, la misma no deja de ser –valga la redundancia- una experiencia excelsa de interacción, en donde la memoria colectiva prevalece, marcándonos una impronta de reconstrucción histórica singular.-

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