Cuando se acabe el pedazo de la vida que me toca ha de nacer otra boca que pregonice mi canto y ha de incrustar su quebranto hasta el pecho de las rocas”

Lino
Foto extraída del perfil de Facebook perteneciente a Silvio Balbuena.

Desde que fui un infante hasta bien entrada la adolescencia supe ser un muchacho asiduo a la iglesia, criado en una familia muy devota en las raíces del seno familiar materno, las tradiciones fueron asuntos que hasta no hace mucho se debía respetar a rajatabla así no estés de acuerdo con las prácticas y los rituales. Particularmente me llamaba la atención la música, el hecho de ejecutar algún instrumento por lo cuál desde pequeño desperté una especie de admiración -de manera inconsciente debido a la inocencia misma de la niñez-, este singular señor era todo un personaje cosa que fui averiguando con el pasar de los años mozos.

En su apariencia denotaba ser un hombre reacio y de actitudes ásperas, sin embargo cuando caías en su gracia parecía un muchacho más con una cualidad única para cantar chamamés y temas de la juventud de antes, además de ser un amante de los asados y algún que otro tonificante espirituoso.

Uno de los primeros vagos recuerdos que tengo de este señor fue cuando mi madre saliendo a hacer los mandados me ordenó no saliera de la casa, por suerte nunca fue mi fuerte seguir las instrucciones al pie de la letra lo que me convertía en un gurisito cabezudo. Sin embargo yendo a la esquina a ver si llegaba la vieja mientras jugaba a la puntería con una onda lo vi pasar, pese a mis años infantes lo saludé haciendo la obvia pregunta de referencia a la música eclesiástica, afirmando con un gesto sonriente siguió su rumbo tranquilo con una rama de menta en la mano. El hombre supo ser: albañil, constructor, contratista, vendedor ambulante, servicio de atención al público en el Casino del pueblo; sin embargo todos los recordamos por sus acordes y su timbre ronco en la voz.

Los años pasaron y los encuentros en la iglesia se hicieron continuos a través de la música, para luego hacerse más asiduos en cualquier lugar; desde la plaza, el casino, un salón cualquiera, hogares particulares, donde pintaba. Sin dudas las fechas favoritas siempre fueron las patronales desde San Ignacio a; La Invernada, Isolina, Pastoreo, Santo Domingo Sabio, San Roque, Sagrado Corazón y demás lugares donde todo comenzaba con la mística. Luego de las Eucaristías de seguro la musiqueada seguía en otro contexto, en los salones en algunos casos y en otros en que la pista se adaptaba entre sillas y mesas en las sombras de los parques circundantes a las capillas. En algunas ocasiones se organizaban juegos momento en el que nos convertíamos en espectadores, viendo como los jóvenes se disputaban desde partido de fútbol hasta el palo enjabonado. Para quiénes nunca recorrieron las hermosas colonias de San Ignacio, cuando te atrapa la noche y en proceso del crepúsculo se puede observar paisajes que se vuelven indescriptibles: cómo tiñe el monte y los rosados con un color dorado opaco hasta vislumbrar los astros de la noche, es una experiencia normal para los avezados montaraces pero única para los pueblerinos. No es mi estilo exponer lo que pasa en el vestuario parafraseando a los jugadores de fútbol, pero como en todo grupo aquel que habíamos conformado tenía sus idas y vueltas debido a las diferencias de pensar en entender la vida misma, es así cómo los acuerdos los llevábamos puertas adentro.

Cuando llegó la mayoría de edad y las salidas con la guitarra se hicieron habituales los cumpleaños o las fiestas improvisadas eran moneda corriente de jueves a sábado, siempre caíamos en las pachangas familiares de invitados parecíamos en ese tiempo el gordo y el flaco, entre esas noches hemos visto varios escenarios desde los más sencillos y tranquilos hasta en los que se armaban el bailongo por un lado; así como asadores repletos, niños corriendo y hasta juego de cartas por parte de los más grandes.

A lo mejor los amantes de las buenas costumbres se queden espantados con las anécdotas que se pueden llegar a plasmar en varias hojas que corresponden a este simpático personaje del pueblo, sin embargo desde la óptica de un hombre que recién comienza a transitar la senda de los treinta hay otra manera de ver la situación, pues es este un acto de rebeldía del ser humano es decir Lino tenía muy claro que a pesar de sus avanzados sesenta años su espíritu seguía siendo juvenil, con chispa de showman para animar los momentos, admirador eterno de la belleza femenina además de creer en que nada es imposible. Recuerdo que en una oportunidad le comenté a Don Balbuena que un amigo se había suicidado en un extraño caso en el que pareció un accidente vial, el hombre me oyó con atención de principio a final y solo atinó a preguntarme: ¿Qué les pasa a los jóvenes que no tienen ganas de vivir?, prosiguió diciendo entre risas: _ Si Jesús me concede un deseo le pediría que me deje tener 30 o 35 años de vuelta. Al principio quedé desconcertado con esto, pero después de pasar el tiempo y pensar un poco en ello da la sensación de que Lino disfrutó mucho siendo joven -y hasta después de eso también- y si existiese otra chance lo sería otra vez sin duda.

En el año 2009 recuerdo que Lino se pegó una escapada a Posadas para comprar cuerdas de guitarras, resulta que terminó cerrando contratos como capataz de obras de construcción; y en definitiva las cuerdas y demás accesorios las fuimos a adquirir en Encarnación localidad del vecino país del Paraguay, Lino se sentía como un pecesito en el agua su rostro era como el de niño en juguetería. Antes de la vuelta a Posadas nos sentamos a comer algo en los carritos al paso con las guitarras a cuestas, un señor nos pregunta sale esa musiqueada -cosa que no entendí hasta que mi compañero me pidió que desenfunde la guitarra puesto que la petición fue hecha en guaraní- soltamos una serie de repertorios dedicados con amor a los hermanos paraguayos. Resulta que ellos fueron más agradecidos que nosotros ya que nos invitaron refrigerios varios y hasta nos ofrecieron animar fiestas por allí, en ese momento no podía creer todo eso que sucedía con total normalidad pero lo conflictivo de esta anécdota fue la vuelta a casa en lo que no nos vamos a detener en detalles.

El tiempo pasó y la energía de poetas que envuelven a San Ignacio empezó a florecer, con la fila de tropas renovadas un nuevo ciclo se venía en puerta lo que nadie nos dijo: puesto que esta etapa duraría tanto como un suspiro, los fines de semana siempre nos juntábamos como de costumbre. Una tarde el Dr. David Rebata nos propone una reunión, nos dirigimos a su casa de inmediato y al recibirnos saca un papel ajado en el que esbozaba letras escritas en prosa; nos comentó que alguien más le había pasado la letra cruda y el Dr. nos pidió si podíamos realizar los arreglos musicales. Consecuentemente aparecieron varios artistas con la misma premisa, pero sin lugar a dudas mi favorita corresponde a una en particular donde la autoría corresponde de manera total a Lino Rafael.

Todos los hombres tenemos dos momentos en nuestras vidas, el de luz y el de oscuridad, nadie puede considerarse completamente malo o completamente bueno, aunque esta discusión sea un terreno patinoso en el que a mi consideración ni siquiera se definir esa dualidad o ponerlas en categorías distributivas de conductas. Vaya este humilde homenaje a uno de los músicos más significativos de los barrios populares que hayan transitado sin galas ni mentas por no pertenecer a apellidos de abolengos, por ser un tipo genuino y apasionado por la música.

Autor: Carlos Adolfo Gómez.