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Los heramanos Palacio (Andres, Jesús y Juan Pablo)  éste último intendente de San Ignacio allá por 1916.-

De este material impreso de la Guía General de la Republica (Tomo II), fechado en 1916, se desprenden una serie de nombres familiarizados con la historia de nuestra localidad. Un San Ignacio atravesado por la fiebre del “oro verde” y la necesidad de afianzar en torno a dicho menester a una comunidad que incipientemente se reinventaba luego de varios intentos fallidos de colonización. Sin dudas la imponente presencia de los Establecimientos La María Antonia, Martin & Cia. , La Plantadora S.A, entre otros emprendimientos yerbateros no menos importantes, fueron generando en torno a esta actividad un impulso mayor a otras actividades comerciales afines, además de demandar una presencia más regular de la administración publica nacional. Para ésta época la comisión de fomento había designado como intendente municipal a Juan Pablo Palacio (Uno de los tres hermanos que por entonces administraban La María Antonia), la localidad contaba con oficina de Correos a cargo de la señora de Sires (suegra de Horacio Quiroga), la Escuela Numero 15 y la Biblioteca Popular “Patricias Argentinas” a cargo del señor Carlos Herrera. Un talentoso ingeniero agrónomo como el señor Pablo Allain (que también era empresario productor de Yerba Mate), un médico, siendo éste el doctor M. Romeo, en tanto que las reducciones Jesuíticas estaban bajo el control y cuidado del señor Carlos Grube, siendo su predecesor en este menester el señor Federico Villegmane. Cabe acotar que para esta época, nuestro actual Sitio Patrimonial ya se había transformado en un imán para turistas curiosos e historiadores de distintas partes del mundo. Tan es así que el mismo Horacio Quiroga luego de venir a visitarlas en compañía de su colega Leopoldo Lugones, definitivamente abrazo a la novel localidad como su lugar en el mundo, desempeñándose aquí como Juez de Paz y periodista, pero sobre todo como literato.

 

Para esta época todavía aun van a existir resabios de una idiosincrasia pasada, la del “padrinazgo”, hecha carne en el carisma y liderazgo de don Marcelino Buix, hombre emprendedor como pocos y, conocedor también de los avatares del monte virgen ( cabe acotar que don Marcelino había arribado a San Ignacio allá a fines de la guerra de la Triple Alianza instalando su hacienda en cercanías al arroyo Yabebiry).

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El artículo también hace mención a varios bolicheros, entre ellos destaca el almacén de ramos generales de don José Sanchez, Emilio Villegmane, Pablo Vandendor (quien por otra parte había sido personificado en varios cuentos de Horacio), siendo, así mismo, también remarcado en varias oportunidades por el escritor la gran cantidad de boliches que habían en el pueblo, motivo por el cual las embarcaciones de altoparana hacían una parada obligatoria en nuestro Puerto a razón de probar el aguardiente que se comerciaba a doquier.

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Para finalizar, bien vale mencionar las carnicerías de don José Esquivel y de don Justo Montenegro. La cigarrería de don Escalera Manuel, entre otros comercios de rubro por entonces muy demandados.

Fuente: Guía General de la República (Tomo II) 1916.-

Aporte de fuente, imágenes y datos: Julio Cantero

Colaboración: Néstor Ríos