Barbacua

El problema de la tierra Para muchos estudiosos de nuestro pasado histórico hay que guardar celosamente la neutralidad valorativa de los hechos. En ese sentido, bien podrían convalidarse tantas injusticias al amparo de descripciones asertivas. Lo cierto es que nuestro cronista, en su tercer viaje a Misiones, allá por 1.896, puso de manifiesto la situación anterior y posterior en que se hallaba aquel terruño, ahora federalizado. Ambrosetti no solo dedicó su tiempo a reseñar en prosa las bondades flora faunísticas de Las Antiguas Misiones. También analizó sesudamente la matriz productiva y el nivel de desarrollo alcanzado, aun antes de que el territorio pasara a ser de jurisdicción nacional (1.881).

En ese sentido, su aporte estriba en la particular situación de arraigo en que se hallaban antiguos pobladores, que mucho hicieron por el porvenir de estas lindes. Así, de ese modo, una vez establecida la creación del Territorio Nacional de Misiones, el problema de la posesión de la tierra –según abreva nuestro etnólogo- pasaría a ser crucial en el futuro desarrollo de nuestra provincia. Es conocida por diversas investigaciones el negocio realizado en torno a la propiedad por no más de una treintena de familias ampulosas, en las que mismísimo Rudecindo Roca (primer gobernador del territorio) supo sacar tajada de aquel pingue negocio, hecho a instancia de su par correntino. Ambrosetti, advirtiendo la zozobra por la que atravesaba la población, en torno a la posesión del suelo y a la inaplicabilidad de la prescripción adquisitiva por parte del gobierno nacional, no hizo más que denunciar la inescrupulosa forma en que aquel territorio era desguazado, entre gallos y medianoche. La posesión pacífica y progresiva de aquellos solares, por parte de la prospera actividad de sus antiguos pobladores, pronto devino en incertidumbre generalizada, que desalentó la actividad productiva.

A todo esto, la proliferación del latifundio hizo lo propio, en desmedro de una cultura alentada por el emprendimiento familiar y el minifundio. En San Ignacio- paradójicamente- sus antiguos pobladores vieronse indirectamente favorecidos, gracias a la mensura de los Terrenos Nacionales que correspondían a los antiguos pueblos jesuitas, hecho por ley de la provincia de Corrientes (1877). De ese modo, los pobladores obtuvieron- gracias a esa mensura y a contramano de lo que más adelante iría a suceder- el título de propiedad. Así, pequeños propietarios afincaronse, dotándole de certidumbre a aquella novísima disposición catastral. No deja de ser este aporte de Ambrosetti un instrumento de análisis valioso en torno al derecho adquirido y al posesorio. Siendo la falta de título, una de las causales determinantes que desalentaron el desarrollo y con ello – según manifiesta nuestro viajero- frustraron un promisorio devenir. Fuente: Tercer Viaje a Misiones. Por Juan Bautista Ambrosetti. Edit. Albatros. 2008.

Juan Bautista Ambrosetti fue paleontólogo, arqueólogo, historiador, iniciador en el país de la exploración arqueológica científica. En la multifacética obra de Ambrosetti, resultado de numerosos viajes de exploración por áreas remotas y desconocidas del país a fines del siglo XIX, comprendió una enorme gama de estudios históricos, etnográficos, lingüísticos, arqueológicos y antropológicos, incluyen trabajos historia de misiones pues visitó en tres ocasiones nuestra provincia.

En siguiente fragmento, tomado del capítulo IX de su “Tercer viaje a Misiones”, nos lega su agudo análisis de la situación social y económica del incipiente San Igancio según lo ve e interpreta in situ en 1896:

"San Ignacio se repobló espontáneamente gracias a sus buenos campos, ya pocos en esa región, y a ser el punto de entrada de los grandes yerbales de Campo Grande (Se refiere a la localidad que hoy [ese] nombre, ubicada hacia el este en la zona central de la provincia).

Desde la época de la Guerra del Paraguay ya empezó a afluir la población yerbatera que poco a poco se estableció diseminada, levantando ranchos, haciendo plantaciones y dedicándose a la cría de ganado mayor. Gran parte de los pobladores fueron brasileros, pero con estos, varios europeos y entre ellos nuestro huésped don Marcelino, también se radicaron allí. [Marcelino Bouix, quien aloja a Ambrosetti en aquella ocasión de su visita a San Ignacio en 1896]

Desde aquella época esa curiosa población prosperó. Muchos monyolos daban sus cachazudos golpes a orillas de los arroyos moliendo yerba, las tropas de mulas iban y venían sin interrupción de la sierra acarreando ese precioso vegetal y las canoas deslizándose por la tranquila superficie del Yabebuiry, o las turbulentas ondas del Paraná, llevaban a la naciente Ciudad de la Trinchera de San José, hoy Posadas, cientos de arrobas enzurronadas en grandes tercios de cuero vacuno.

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El Padre Vicente Gambon tuvo el extraño pirivilegio de ser el primer religioso de la "compañía de Jesús" en pisar suelo misionero tras la expulsión de los jesuitas contretada en 1768, realizó un viaje memorable en 1904, o sea, 136 años despues y no legó un estupedo testimonio de lo vivido entónces.

Para nuestra fortuna el Gambon tuvo el buen tino de publicar una memoria de su viaje a Misiones, en particular a San Ignacio, la crónica de esta experiencia es la que traemos aquí, presentaremos una extensa cita del trabajo de este religioso que fue publicado en 1905 y se titula "A través de las misiones guaraníticas"; en particular transcribiremos el capítulo 5to que refiere a nuetra ciudad de San Igancio. En este extracto veremos como el "P. Gambon" pasa de una típica narración de viaje a una emotiva semblanza de una experiencia religiasa autobiografica, todo ello dejandonos hermosas postales literarias (y también pictóricas) de San Igancio de principios del Siglo XX.

A través de las Misiones Guaraniticas

Capítulo V
SAN IGNACIO

El vapor agua abajo parecía no sentir la carga de que iban repletas sus bodegas y la cubierta de proa: por esto á las 48 horas de haber levado anclas en Puerto Aguirre dábamos fondo en el puerto de San Ignacio el 1° de Septiembre [de 1904] al mediodía.

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